Ministerio de música Católica CANTARES 2.12

Martirio de Juan el Bautista

Muerte de Juan el Bautista
Mateo14, 1-12. Tiempo Ordinario. Tenemos que estar dispuestos, por amor aDios y a su Iglesia, a ser testigos del Evangelio.
 
Muerte de Juan el Bautista

Mateo 14, 1-12


En aquel tiempo se enteró el tetrarca Herodes de la fama deJesús, y dijo a sus criados: «Ese es Juan el Bautista; él ha resucitadode entre los muertos, y por eso actúan en él fuerzas milagrosas». Esque Herodes había prendido a Juan, le había encadenado y puesto en lacárcel, por causa de Herodías, la mujer de su hermano Filipo. PorqueJuan le decía: «No te es lícito tenerla». Y aunque quería matarle,temió a la gente, porque le tenían por profeta. Mas llegado elcumpleaños de Herodes, la hija de Herodías danzó en medio de todosgustando tanto a Herodes, que éste le prometió bajo juramento darle loque pidiese. Ella, instigada por su madre, «dame aquí, dijo, en unabandeja, la cabeza de Juan el Bautista». Se entristeció el rey, pero, acausa del juramento y de los comensales, ordenó que se le diese, yenvió a decapitar a Juan en la cárcel. Su cabeza fue traída en unabandeja y entregada a la muchacha, la cual se la llevó a su madre.Llegando después sus discípulos, recogieron el cadáver y lo sepultaron;y fueron a informar a Jesús.


Reflexión


Jeremías y todos los profetas de Israel fueron siempre perseguidospor proclamar el incómodo mensaje de Dios, que exige una auténticaconversión del corazón.

Pero siempre afrontaron la persecución con ánimo viril e intrépido,aun a costa de la propia vida y del derramamiento de la propia sangre,como Juan Bautista, para dar testimonio de la verdad de Dios y de supalabra.

Juan el Bautista es el ejemplo clásico de la defensa inerme yvaliente del profeta que, por defender su fe y la verdad, termina suvida como víctima fecunda, prefiguración de la muerte redentora deCristo.

El verdadero cristiano, entonces, se convierte en “mártir”. Másaún, sólo el mártir es el verdadero cristiano y testigo de Cristo (engriego, mártir significa “testigo”). Toda la historia de la Iglesia seha visto coronada y adornada con la vida de tantos hijos suyos que, poramor a Jesucristo y por su fe en Él, se han convertido en mártires.Ésta es la condición radical del cristiano. Todos debemos estardispuestos, por amor a Él y por su Iglesia, a ser testigos intrépidosdel Evangelio, incluso hasta dar nuestra propia vida por Él.

Sólo así podemos llamarnos y ser auténticos cristianos, es decir,discípulos y seguidores de un Cristo, crucificado por la verdad delEvangelio y por nuestra redención.

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