Ministerio de música Católica CANTARES 2.12

La unción en Betania, Lunes Santo

Escrito por cantares2-12 01-01-1970 en General. Comentarios (0)
Semana Santa
Lunes Santo

La Unción en Betania
Juan 12, 1-11. Lunes Santo. No debemos tener temor cuando nuestro corazón nos sugiere hacer el bien
 
La Unción en Betania
La Unción en Betania

Juan 12, 1-11


Seis días antes de la Pascua, Jesús se fue a Betania, donde estaba Lázaro, a quien Jesús había resucitado de entre los muertos. Le dieron allí una cena. Marta servía y Lázaro era uno de los que estaban con él a la mesa. Entonces María, tomando una libra de perfume de nardo puro, muy caro, ungió los pies de Jesús y los secó con sus cabellos. Y la casa se llenó del olor del perfume. Dice Judas Iscariote, uno de los discípulos, el que lo había de entregar: «¿Por qué no se ha vendido este perfume por trescientos denarios y se ha dado a los pobres?» Pero no decía esto porque le preocuparan los pobres, sino porque era ladrón, y como tenía la bolsa, se llevaba lo que echaban en ella. Jesús dijo: «Déjala, que lo guarde para el día de mi sepultura. Porque pobres siempre tendréis con vosotros; pero a mí no siempre tendréis». Gran número de judíos supieron que Jesús estaba allí y fueron, no sólo por Jesús, sino también por ver a Lázaro, a quien había resucitado de entre los muertos. Los sumos sacerdotes decidieron dar muerte también a Lázaro, porque a causa de él muchos judíos se les iban y creían en Jesús.


Reflexión


Este pasaje que contemplamos se trata de un momento lleno de ternura. Jesús veía en el gesto de María una anticipación de la unción de su cadáver. Sin embargo, nosotros sabemos que el cuerpo de Jesús, después de su muerte, no recibió todas las unciones requeridas, porque las mujeres que encontraron el sepulcro vacío el domingo de la Resurrección tenían los últimos aceites aromáticos para embalsamar su cuerpo, y no lo hallaron.

Este detalle de María trasciende la opinión pública de los presentes. Va más allá del dinero si se trata de manifestar su gratitud y su amor por Jesús. Es una lección elocuente para todos nosotros. ¿Cuántas veces nos hemos detenido cuando nos disponíamos a realizar un gesto de caridad, una oración, un testimonio de fe, sólo por temor de lo que pudieran decir los que nos están viendo? María, sin embargo, nos enseña que, en nuestra relación con el Señor, no debemos tener temor cuando nuestro corazón nos sugiere hacer el bien.

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