Ministerio de música Católica CANTARES 2.12

¿Qué es la Semana Santa?

Escrito por cantares2-12 29-03-2007 en General. Comentarios (0)
La Semana Santa
Es la semana más intensa del Año Litúrgico, en la cual se reza y reflexiona sobre la Pasión y Muerte de Cristo.
 
La Semana Santa
La Semana Santa


Explicación de la celebración

La Semana Santa es el momento litúrgico más intenso de todo el año. Sin embargo, para muchos católicos se ha convertido sólo en una ocasión de descanso y diversión. Se olvidan de lo esencial: esta semana la debemos dedicar a la oración y la reflexión en los misterios de la Pasión y Muerte de Jesús para aprovechar todas las gracias que esto nos trae.

Para vivir la Semana Santa, debemos darle a Dios el primer lugar y participar en toda la riqueza de las celebraciones propias de este tiempo litúrgico.

A la Semana Santa se le llamaba en un principio “La Gran Semana”. Ahora se le llama Semana Santa o Semana Mayor y a sus días se les dice días santos. Esta semana comienza con el Domingo de Ramos y termina con el Domingo de Pascua.

Vivir la Semana Santa es acompañar a Jesús con nuestra oración, sacrificios y el arrepentimiento de nuestros pecados. Asistir al Sacramento de la Penitencia en estos días para morir al pecado y resucitar con Cristo el día de Pascua.

Lo importante de este tiempo no es el recordar con tristeza lo que Cristo padeció, sino entender por qué murió y resucitó. Es celebrar y revivir su entrega a la muerte por amor a nosotros y el poder de su Resurrección, que es primicia de la nuestra.

La Semana Santa fue la última semana de Cristo en la tierra. Su Resurrección nos recuerda que los hombres fuimos creados para vivir eternamente junto a Dios.

Domingo de Ramos:


Celebramos la entrada triunfal de Jesús a Jerusalén en la que todo el pueblo lo alaba como rey con cantos y palmas. Por esto, nosotros llevamos nuestras palmas a la Iglesia para que las bendigan ese día y participamos en la misa.

Jueves Santo:

Este día recordamos la Última Cena de Jesús con sus apóstoles en la que les lavó los pies dándonos un ejemplo de servicialidad. En la Última Cena, Jesús se quedó con nosotros en el pan y en el vino, nos dejó su cuerpo y su sangre. Es el jueves santo cuando instituyó la Eucaristía y el Sacerdocio. Al terminar la última cena, Jesús se fue a orar, al Huerto de los Olivos. Ahí pasó toda la noche y después de mucho tiempo de oración, llegaron a aprehenderlo.

Viernes Santo:

Ese día recordamos la Pasión de Nuestro Señor: Su prisión, los interrogatorios de Herodes y Pilato; la flagelación, la coronación de espinas y la crucifixión. Lo conmemoramos con un Via Crucis solemne y con la ceremonia de la Adoración de la Cruz.


Sábado Santo o Sábado de Gloria:

Se recuerda el día que pasó entre la muerte y la Resurrección de Jesús. Es un día de luto y tristeza pues no tenemos a Jesús entre nosotros. Las imágenes se cubren y los sagrarios están abiertos. Por la noche se lleva a cabo una vigilia pascual para celebrar la Resurrección de Jesús. Vigilia quiere decir “ la tarde y noche anteriores a una fiesta.”. En esta celebración se acostumbra bendecir el agua y encender las velas en señal de la Resurrección de Cristo, la gran fiesta de los católicos.

Domingo de Resurrección o Domingo de Pascua:

Es el día más importante y más alegre para todos nosotros, los católicos, ya que Jesús venció a la muerte y nos dio la vida. Esto quiere decir que Cristo nos da la oportunidad de salvarnos, de entrar al Cielo y vivir siempre felices en compañía de Dios. Pascua es el paso de la muerte a la vida.

¿Por qué la Semana Santa cambia de fecha cada año?

El pueblo judío celebraba la fiesta de pascua en recuerdo de la liberación de la esclavitud de Egipto, el día de la primera luna llena de primavera. Esta fecha la fijaban en base al año lunar y no al año solar de nuestro calendario moderno. Es por esta razón que cada año la Semana Santa cambia de día, pues se le hace coincidir con la luna llena.

En la fiesta de la Pascua, los judíos se reunían a comer cordero asado y ensaladas de hierbas amargas, recitar bendiciones y cantar salmos. Brindaban por la liberación de la esclavitud.

Jesús es el nuevo cordero pascual que nos trae la nueva liberación, del pecado y de la muerte.

Sugerencias para vivir la Semana Santa

  • Asistir en familia o a los oficios y ceremonias propios de la Semana Santa porque la vivencia cristiana de estos misterios debe ser comunitaria.


  • Se puede organizar una pequeña representación acerca de la Semana Santa.


  • Poner algún propósito concreto a seguir para cada uno de los días de la Semana Santa.


  • Elaborar unos cartelones en los que se escriba acerca de los días de la Semana Santa y algunas ideas importantes acerca de cada uno de los días.
  • V Domingo de Cuaresma

    Escrito por cantares2-12 28-03-2007 en General. Comentarios (0)




    Cada uno de nosotros es un grano de trigo
    Quinto domingo de Cuaresma. ¿Quiero echarme a perder o dar frutos?
     
    Cada uno de nosotros es un grano de trigo




    Jn 12, 24-26

    Podremos hacer muchas cosas o tener grandes posesiones, pero nunca debemos perder de vista que lo importante es el bien que hacemos a los demás. Ésa tiene que acabar siendo nuestra más importante y auténtica riqueza.

    Dios ama al que da con alegría, y en el Evangelio escuchábamos una parábola de nuestro Señor sobre este darse. Darse significa que, como el grano de trigo, uno tiene que caer en la tierra y pudrirse para dar fruto. Es imposible darse con comodidad, es imposible darse sin que nos cueste nada. Al contrario, el entregarse verdaderamente a los demás y el ayudar a los demás siempre nos va a costar.

    Vivimos en un mundo de muchas comodidades, y no sé si nosotros seríamos capaces de resistir el sufrimiento, cuando cosas tan pequeñas, tan insignificantes, a veces nos resultan tan dolorosas. La fe nos pide ser testigos de Cristo en la vida diaria, en la caridad diaria, en el esfuerzo diario, en la comprensión diaria, en la lucha diaria por ayudar a los demás, por hacer que los demás se sientan más a gusto, más tranquilos, más felices. Ahí es donde está, para todos nosotros, el modo de ser testigos de Cristo.

    Tenemos que entregarnos auténticamente, entregarnos con más fidelidad, entregarnos con un corazón muy disponible a los demás. Cada uno tiene que saber cuál es el modo concreto de entregarse a los demás. ¿Cómo puedo yo entregarme a los demás? ¿Qué significa darme los demás?

    Ciertamente, para todos nosotros, lo que va a significar es renunciar a nuestro egoísmo, renunciar a nuestras flojeras, renunciar a todas esas situaciones en las que podemos estar buscándonos a nosotros mismos.

    Jesucristo nos dice en el Evangelio que todo aquél que se busca a sí mismo, acabará perdiéndose, porque acaba quedándose nada más con el propio egoísmo. La riqueza de la Iglesia es su capacidad de entrega, su capacidad de amor, su capacidad de vivir en caridad. Una Iglesia que viviese nada más para sí misma, para sus intereses, para sus conveniencias sería una Iglesia que estaría viviendo en el egoísmo y que no estaría dando un testimonio de fe. Y un cristiano que nada más viva para sí mismo, para lo que a uno le interesa, para lo que uno busca, sería un cristiano que no está dando fruto.

    Dios da la semilla, a nosotros nos toca sembrar. Dios nos ha dado nuestras cualidades, a nosotros nos toca desarrollarlas; Dios nos ha dado el corazón, el interés, la inteligencia, la voluntad, la libertad, la capacidad de amar; pero el amar o el no amar, el entregarnos o no entregarnos, el ser egoístas o ser generosos depende sola y únicamente de nosotros.

    Es en la generosidad donde el hombre es feliz, y es en el egoísmo en donde el hombre es auténticamente desgraciado. Aunque a veces la generosidad nos cueste y nos sea difícil; aunque a veces el ser generosos signifique el sacrificarnos, es ahí donde vamos a ser felices, porque sólo da una espiga el grano de trigo que cae en la tierra y se pudre, se sacrifica, mientras que el grano de trigo que se guarda en un arcón acaba estropeándose, se lo acaban comiendo los animales o echándose a perder.

    Cada uno de nosotros es un grano de trigo. Reflexionemos y preguntémonos: ¿Quiero echarme a perder o dar frutos? Y recordemos que sólo hay dos tipos de personas en esta vida: los que quieren echarse a perder y se guardan para sí mismos en el egoísmo; o los que entregándose, acaban por dar fruto.

    Preparate para vivir la Samana Santa

    Escrito por cantares2-12 23-03-2007 en General. Comentarios (0)

    Preparate para vivir la Semana Santa

    Casi haterminado la cuaresma, el tiempo de conversión interior y depenitencia, ha llegado el momento de conmemorar la pasión, muerte yresurrección de Cristo. Después de la entrada triunfal en Jerusalén,ahora nos toca asistir a la institución de la Eucaristía, orar junto alSeñor en el Huerto de los Olivos y acompañarle por el doloroso caminoque termina en la Cruz.

    Durante la semana santa, las narraciones de la pasión renuevan losacontecimientos de aquellos días; los hechos dolorosos podrían movernuestros sentimientos y hacernos olvidar que lo más importante esbuscar aumentar nuestra fe y devoción en el Hijo de Dios.

    La Liturgia dedica especial atención a esta semana, a la que también sele ha denominado “Semana Mayor” o “Semana Grande”, por la importanciaque tiene para los cristianos el celebrar el misterio de la Redenciónde Cristo, quien por su infinita misericordia y amor al hombre, decidelibremente tomar nuestro lugar y recibir el castigo merecido pornuestros pecados.

    Para esta celebración, la Iglesia invita a todos los fieles alrecogimiento interior, haciendo un alto en las labores cotidianas paracontemplar detenidamente el misterio pascual, no con una actitudpasiva, sino con el corazón dispuesto a volver a Dios, con el ánimo delograr un verdadero dolor de nuestros pecados y un sincero propósito deenmienda para corresponder a todas las gracias obtenidas porJesucristo.

    Para los cristianos la semana santa no es el recuerdo de un hechohistórico cualquiera, es la contemplación del amor de Dios que permiteel sacrificio de su Hijo, el dolor de ver a Jesús crucificado, laesperanza de ver a Cristo que vuelve a la vida y el júbilo de suResurrección.

    En los inicios de la cristiandad ya se acostumbraba la visita de lossantos lugares. Ante la imposibilidad que tiene la mayoría de losfieles para hacer esta peregrinación, cobra mayor importancia laparticipación en la liturgia para aumentar la esperanza de salvación enCristo resucitado.

    La Resurrección del Señor nos abre las puertas a la vida eterna, sutriunfo sobre la muerte es la victoria definitiva sobre el pecados.Este hecho hace del domingo de Resurrección la celebración másimportante de todo el año litúrgico.
    Aún con la asistencia a las celebraciones podemos quedarnos en loanecdótico, sin nada que nos motive a ser más congruentes con nuestrafe. Esta unidad de vida requiere la imitación del maestro, buscarparecernos más a Él.
    Para nosotros no existen cosas extraordinarias, calumnias, disgustos,problemas familiares, dificultades económicas y todos los contratiemposque se nos presentan, servirán para identificarnos con el sufrimientodel Señor en la pasión, sin olvidar el perdón, la paciencia, lacomprensión y la generosidad para con nuestros semejantes.
    La muerte de Cristo nos invita a morir también, no físicamente, sino aluchar por alejar de nuestra alma la sensualidad, el egoísmo, lasoberbia, la avaricia... la muerte del pecado para estar debidamentedispuestos a la vida de la gracia.

    Resucitar en Cristo es volver de las tinieblas del pecado para vivir enla gracia divina. Ahí está el sacramento de la penitencia, el caminopara revivir y reconciliarnos con Dios. Es la dignidad de hijos de Diosque Cristo alcanzó con la Resurrección.

    Así, mediante la contemplación del misterio pascual y el concretarpropósitos para vivir como verdaderos cristianos, la pasión, muerte yresurrección adquieren un sentido nuevo, profundo y trascendente, quenos llevará en un futuro a gozar de la presencia de Cristo resucitadopor toda la eternidad.

    ¿ Por que confesarme?

    Escrito por cantares2-12 21-03-2007 en General. Comentarios (0)



    ¿Por qué confesarse?
    Los motivos humanos y sobrenaturales de la confesión, para comprender mejor el sentido y finalidad de este sacramento

    Un hecho innegable: la necesidad del perdón de mis pecados

    Todos tenemos muchas cosas buenas…, pero al mismo tiempo, la presenciadel mal en nuestra vida es un hecho: somos limitados, tenemos unacierta inclinación al mal y defectos; y como consecuencia de esto nosequivocamos, cometemos errores y pecados. Esto es evidente y Dios losabe. De nuestra parte, tonto sería negarlo. En realidad… sería peorque tonto… San Juan dice que "si decimos que no tenemos pecado, nosengañamos y la verdad no está en nosotros. Si confesamos nuestrospecados, fiel y justo es El para perdonar nuestros pecados ypurificarnos de toda injusticia. Si decimos que no hemos pecado, lehacemos mentiroso y su palabra no está en nosotros" (1 Jn 1,9-10).

    De aquí que una de las cuestiones más importantes de nuestra vida sea¿cómo conseguir "deshacernos" de lo malo que hay en nosotros? ¿de lascosas malas que hemos hecho o de las que hemos hecho mal? Esta es unade las principales tareas que tenemos entre manos: purificar nuestravida de lo que no es bueno, sacar lo que está podrido, limpiar lo queestá sucio, etc.: librarnos de todo lo que no queremos de nuestropasado. ¿Pero cómo hacerlo?

    No se puede volver al pasado, para vivirlo de manera diferente… SóloDios puede renovar nuestra vida con su perdón. Y El quiere hacerlo…hasta el punto que el perdón de los pecados ocupa un lugar muyimportante en nuestras relaciones con Dios.

    Como respetó nuestra libertad, el único requisito que exige es quenosotros queramos ser perdonados: es decir, rechacemos el pecadocometido (esto es el arrepentimiento) y queramos no volver a cometerlo.¿Cómo nos pide que mostremos nuestra buena voluntad? A través de ungran regalo que Dios nos ha hecho.

    En su misericordia infinita nos dio un instrumento que no falla enreparar todo lo malo que podamos haber hecho. Se trata del sacramentode la penitencia. Sacramento al que un gran santo llamaba el sacramentode la alegría, porque en él se revive la parábola del hijo prodigo, ytermina en una gran fiesta en los corazones de quienes lo reciben.

    Así nuestra vida se va renovando, siempre para mejor, ya que Dios es unPadre bueno, siempre dispuesto a perdonarnos, sin guardar rencores, sinenojos, etc. Premia lo bueno y valioso que hay en nosotros; lo malo yofensivo, lo perdona. Es uno de los más grandes motivos de optimismo yalegría: en nuestra vida todo tiene arreglo, incluso las peores cosaspueden terminar bien (como la del hijo pródigo) porque Dios tiene laúltima palabra: y esa palabra es de amor misericordioso.

    La confesión no es algo meramente humano: es un misterio sobrenatural:consiste en un encuentro personal con la misericordia de Dios en lapersona de un sacerdote .

    Dejando de lado otros aspectos, aquí vamos sencillamente a mostrar queconfesarse es razonable, que no es un invento absurdo y que inclusohumanamente tiene muchísimos beneficios. Te recomiendo pensar losargumentos… pero más allá de lo que la razón nos pueda decir, acudí aDios pidiéndole su gracia: eso es lo más importante, ya que en laconfesión no se realiza un diálogo humano, sino un diálogo divino: nosintroduce dentro del misterio de la misericordia de Dios.

    Algunas razones por las que tenemos que confesarnos

    1. Porque Jesús dio a los Apóstoles el poder de perdonar los pecados.Esto es un dato y es la razón definitiva: la más importante. En efecto,recién resucitado, es lo primero que hace: "Reciban el Espíritu Santo.A los que les perdonen los pecados, les quedarán perdonados, a los queno se los perdonen, les quedarán sin perdonar " (Jn 20,22-23). Losúnicos que han recibido este poder son los Apóstoles y sus sucesores.Les dio este poder precisamente para que nos perdonen los pecados a vosy a mí. Por tanto, cuando quieres que Dios te borre los pecados, sabesa quien acudir, sabes quienes han recibido de Dios ese poder.

    Es interesante notar que Jesús vinculó la confesión con la resurrección(su victoria sobre la muerte y el pecado), con el Espíritu Santo(necesario para actuar con poder) y con los apóstoles (los primerossacerdotes): el Espíritu Santo actúa a través de los Apóstoles pararealizar en las almas la victoria de Cristo sobre el pecado y sobre lamuerte.

    2. Porque la Sagrada Escritura lo manda explícitamente:"Confiesen mutuamente sus pecados" (Sant 5,16). Esto es consecuencia dela razón anterior: te darás cuenta que perdonar o retener presuponeconocer los pecados y disposiciones del penitente. Las condiciones delperdón las pone el ofendido, no el ofensor. Es Dios quién perdona ytiene poder para establecer los medios para otorgar ese perdón. Demanera que no soy yo quien decide cómo conseguir el perdón, sino Diosel que decidió (hace dos mil años de esto…) a quién tengo que acudir yqué tengo que hacer para que me perdone. Entonces nos confesamos con unsacerdote por obediencia a Cristo.

    3. Porque en la confesión te encuentras con Cristo. Esto debidoa que es uno de los siete Sacramentos instituidos por El mismo paradarnos la gracia. Te confiesas con Jesús, el sacerdote no es más que surepresentante. De hecho, la formula de la absolución dice: "Yo teabsuelvo de tus pecados" ¿Quien es ese «yo»? No es el Padre Fulano-quien no tiene nada que perdonarte porque no le has hecho nada-, sinoCristo. El sacerdote actúa en nombre y en la persona de Cristo. Comosucede en la Misa cuando el sacerdote para consagrar el pan dice "Estoes mi cuerpo", y ese pan se convierte en el cuerpo de Cristo (ese «mi»lo dice Cristo), cuando te confiesas, el que está ahí escuchándote, esJesús. El sacerdote, no hace más que «prestarle» al Señor sus oídos, suvoz y sus gestos.

    4. Porque en la confesión te reconcilias con la Iglesia. Resultaque el pecado no sólo ofende a Dios, sino también a la comunidad de laIglesia: tiene una dimensión vertical (ofensa a Dios) y otra horizontal(ofensa a los hermanos). La reconciliación para ser completa debealcanzar esas dos dimensiones. Precisamente el sacerdote está ahítambién en representación de la Iglesia, con quien también tereconcilias por su intermedio. El aspecto comunitario del perdón exigela presencia del sacerdote, sin él la reconciliación no sería«completa».

    5. El perdón es algo que «se recibe». Yo no soy el artífice delperdón de mis pecados: es Dios quien los perdona. Como todo sacramentohay que recibirlo del ministro que lo administra válidamente. A nadiese le ocurriría decir que se bautiza sólo ante Dios… sino que acude ala iglesia a recibir el Bautismo. A nadie se le ocurre decir queconsagra el pan en su casa y se da de comulgar a sí mismo… Cuando setrata de sacramentos, hay que recibirlos de quien corresponde: quienlos puede administrar válidamente.

    6. Necesitamos vivir en estado de gracia. Sabemos que el pecadomortal destruye la vida de la gracia. Y la recuperamos en la confesión.Y tenemos que recuperarla rápido, básicamente por tres motivos:

    a) porque nos podemos morir… y no creo que queramos morir en estado de pecado mortal… y acabar en el infierno.

    b) porque cuando estamos en estado de pecado ninguna obra buena quehacemos es meritoria cara a la vida eterna. Esto se debe a que elprincipio del mérito es la gracia: hacer obras buenas en pecado mortal,es como hacer goles en “off-side”: no valen, carecen de valorsobrenatural. Este aspecto hace relativamente urgente el recuperar lagracia: si no queremos que nuestra vida esté vacía de mérito y que lobueno que hacemos sea inútil.

    c) porque necesitamos comulgar: Jesús nos dice que quien lo come tienevida eterna y quien no lo come, no la tiene. Pero, no te olvides quepara comulgar dignamente, debemos estar libres de pecado mortal. Laadvertencia de San Pablo es para temblar: "quien coma el pan o beba elcáliz indignamente, será reo del cuerpo y sangre del Señor. (…) Quiencome y bebe sin discernir el cuerpo, come y bebe su propia condenación"(1 Cor 11,27-28). Comulgar en pecado mortal es un terrible sacrilegio:equivale a profanar la Sagrada Eucaristía, a Cristo mismo.

    7. Necesitamos dejar el mal que hemos hecho.El reconocimiento denuestros errores es el primer paso de la conversión. Sólo quienreconoce que obró mal y pide perdón, puede cambiar.

    8. La confesión es vital en la luchar para mejorar. Es un hechoque habitualmente una persona después de confesarse se esfuerza pormejorar y no cometer pecados. A medida que pasa el tiempo, vaaflojando… se «acostumbra» a las cosas que hace mal, o que no hace, ylucha menos por crecer. Una persona en estado de gracia -esta es unaexperiencia universal- evita el pecado. La misma persona en pecadomortal tiende a pecar más fácilmente.

    Otros motivos que hacen muy conveniente la confesión

    a) Necesitamos paz interior. El reconocimiento de nuestras culpas es elprimer paso para recuperar la paz interior. Negar la culpa no laelimina: sólo la esconde, haciendo más penosa la angustia. Sólo quienreconoce su culpa está en condiciones de liberarse de ella.

    b) Necesitamos aclararnos a nosotros mismos. La confesión nos "obliga"a hacer un examen profundo de nuestra conciencia. Saber qué hay«adentro», qué nos pasa, qué hemos hecho, cómo vamos… De esta manera laconfesión ayuda a conocerse y entenderse a uno mismo.

    c) Todos necesitamos que nos escuchen. ¿En qué consiste el primer pasode la terapia de los psiquiatras y psicólogos sino en hacer hablar al"paciente"? Y te cobran para escucharte… y al "paciente" le hace muybien. Estas dos profesiones han descubierto en el siglo XX algo que laIglesia descubrió hace muchos siglos (en realidad se lo enseñó Dios).El decir lo que nos pasa, es una primera liberación.

    d) Necesitamos una protección contra el auto-engaño. Es fácil engañarsea uno mismo, pensando que eso malo que hicimos, en realidad no está tanmal; o justificándolo llegando a la conclusión de que es bueno, etc.Cuando tenemos que contar los hechos a otra persona, sin excusas, consinceridad, se nos caen todas las caretas… y nos encontramos connosotros mismos, con la realidad que somos.

    e) Todos necesitamos perspectiva. Una de las cosas más difíciles deesta vida es conocerse uno mismo. Cuando "salimos" de nosotros por lasinceridad, ganamos la perspectiva necesaria para juzgarnos con equidad.

    f) Necesitamos objetividad. Y nadie es buen juez en causa propia. Poreso los sacerdotes pueden perdonar los pecados a todas las personas delmundo… menos a una: la única persona a la que un sacerdote no puedeperdonar los pecados es él mismo: siempre tiene que acudir a otrossacerdote para confesarse. Dios es sabio y no podía privar a lossacerdotes de este gran medio de santificación.

    g) Necesitamos saber si estamos en condiciones de ser perdonados: sitenemos las disposiciones necesarias para el perdón o no. De otramanera correríamos un peligro enorme: pensar que estamos perdonadoscuando ni siquiera podemos estarlo.

    h) Necesitamos saber que hemos sido perdonados. Una cosa es pedirperdón y otra distinta ser perdonado. Necesitamos una confirmaciónexterior, sensible, de que Dios ha aceptado nuestro arrepentimiento.Esto sucede en la confesión: cuando recibimos la absolución, sabemosque el sacramento ha sido administrado, y como todo sacramento recibela eficacia de Cristo.

    i) Tenemos derecho a que nos escuchen. La confesión personal más queuna obligación es un derecho: en la Iglesia tenemos derecho a laatención personal, a que nos atiendan uno a uno, y podamos abrir elcorazón, contar nuestros problemas y pecados.

    j) Hay momentos en que necesitamos que nos animen y fortalezcan. Todospasamos por momentos de pesimismo, desánimo… y necesitamos que se nosescuche y anime. Encerrarse en sí mismo solo empeora las cosas…

    k) Necesitamos recibir consejo. Mediante la confesión recibimosdirección espiritual. Para luchar por mejorar en las cosas de las quenos confesamos, necesitamos que nos ayuden.

    l) Necesitamos que nos aclaren dudas, conocer la gravedad de ciertos pecados, en fin… mediante la confesión recibimos formación.


    Algunos pretexto para no confesarse

    1. ¿Quién es el cura para perdonar los pecados…? Sólo Dios puede perdonarlos.

    Hemos visto que el Señor dio ese poder a los Apóstoles. Además,permíteme decirte que ese argumento lo he leído antes… precisamente enel Evangelio… Es lo que decían los fariseos indignados cuando Jesúsperdonaba los pecados… (puedes mirar Mt 9,1-8).

    2. Yo me confieso directamente con Dios, sin intermediarios.

    Genial. Me parece bárbaro… pero hay algunos “peros”…
    Pero… ¿cómo sabes que Dios acepta tu arrepentimiento y te perdona? ¿Escuchas alguna voz celestial que te lo confirma?
    Pero… ¿cómo sabes que estás en condiciones de ser perdonado? Te daráscuenta que no es tan fácil… Una persona que robara un banco y noquisiera devolver el dinero… por más que se confesara directamente conDios… o con un cura… si no quisiera reparar el daño hecho -en estecaso, devolver el dinero-, no puede ser perdonada… porque ella misma noquiere "deshacerse" del pecado.

    Este argumento no es nuevo… Hace casi mil seiscientos años, San Agustínreplicaba a quien argumentaba como vos: "Nadie piense: yo obroprivadamente, de cara a Dios… ¿Es que sin motivo el Señor dijo: «lo queatareis en la tierra, será atado en el cielo»?.¿Acaso les fueron dadasa la Iglesia las llaves del Reino de los cielos sin necesidad?Frustramos el Evangelio de Dios, hacemos inútil la palabra de Cristo."

    3. ¿Porque le voy a decir los pecados a un hombre como yo?

    Porque ese hombre no un hombre cualquiera: tiene el poder especial paraperdonar los pecados (el sacramento del orden). Esa es la razón por laque vas a él.

    4. ¿Porque le voy a decir mis pecados a un hombre que es tan pecador como yo?

    El problema no radica en la «cantidad» de pecados: si es menos, igual omás pecador que vos…. No vas a confesarte porque sea santo einmaculado, sino porque te puede dar al absolución, poder que tiene porel sacramento del orden, y no por su bondad. Es una suerte -en realidaduna disposición de la sabiduría divina- que el poder de perdonar lospecados no dependa de la calidad personal del sacerdote, cosa que seríaterrible ya que uno nunca sabría quién sería suficientemente santo comopara perdonar… Además, el hecho de que sea un hombre y que como taltenga pecados, facilita la confesión: precisamente porque sabe en carnepropia lo que es ser débil, te puede entender mejor.

    5. Me da vergüenza…

    Es lógico, pero hay que superarla. Hay un hecho comprobadouniversalmente: cuanto más te cueste decir algo, tanto mayor será lapaz interior que consigas después de decirlo. Además te cuesta,precisamente porque te confiesas poco…, en cuanto lo hagas confrecuencia, verás como superarás esa vergüenza.

    Además, no creas que eres tan original…. Lo que vas a decir, el cura yalo escuchó trescientas mil veces… A esta altura de la historia… no creoque puedas inventar pecados nuevos…

    Por último, no te olvides de lo que nos enseñó un gran santo: el diabloquita la vergüenza para pecar… y la devuelve aumentada para pedirperdón… No caigas en su trampa.

    6. Siempre me confieso de lo mismo…

    Eso no es problema. Hay que confesar los pecados que uno ha cometido… yes bastante lógico que nuestros defectos sean siempre más o menos losmismos… Sería terrible ir cambiando constantemente de defectos… Ademáscuando te bañas o lavas la ropa, no esperas que aparezcan machasnuevas, que nunca antes habías tenido; la suciedad es más o menossiempre del mismo tipo… Para querer estar limpio basta querer removerla mugre… independientemente de cuán original u ordinaria sea.

    7. Siempre confieso los mismos pecados…

    No es verdad que sean siempre los mismos pecados: son pecadosdiferentes, aunque sean de la misma especie… Si yo insulto a mi madrediez veces… no es el mismo insulto… cada vez es uno distinto… No es lomismo matar una persona que diez… si maté diez no es el mismo pecado…son diez asesinatos distintos. Los pecados anteriores ya me han sidoperdonados, ahora necesito el perdón de los "nuevos", es decir loscometidos desde la última confesión.
    8. Confesarme no sirve de nada, sigo cometiendo los pecados que confieso…

    El desánimo, puede hacer que pienses: "es lo mismo si me confieso o no,total, nada cambia, todo sigue igual". No es verdad. El hecho de queuno se ensucie, no hace concluir que es inútil bañarse. Uno que se bañatodos los días… se ensucia igual… Pero gracias a que se baña, no vaacumulando mugre… y está bastante limpio. Lo mismo pasa con laconfesión. Si hay lucha, aunque uno caiga, el hecho de ir sacándose deencima los pecados… hace que sea mejor. Es mejor pedir perdón, que nopedirlo. Pedirlo nos hace mejores.

    9. Sé que voy a volver a pecar… lo que muestra que no estoy arrepentido

    Depende… Lo único que Dios me pide es que esté arrepentido del pecadocometido y que ahora, en este momento quiera luchar por no volver acometerlo. Nadie pide que empeñemos el futuro que ignoramos… ¿Qué va apasar en quince días? No lo sé… Se me pide que tenga la decisiónsincera, de verdad, ahora, de rechazar el pecado. El futuro déjalo enlas manos de Dios…

    10. Y si el cura piensa mal de mi…

    El sacerdote está para perdonar… Si pensara mal, sería un problema suyodel que tendría que confesarse. De hecho siempre piensa bien: valora tufe (sabe que si estás ahí contando tus pecados, no es por él… sinoporque vos crees que representa a Dios), tu sinceridad, tus ganas demejorar, etc. Supongo que te darás cuenta de que sentarse a escucharpecados, gratis -sin ganar un peso-, durante horas, … si no se hace poramor a las almas… no se hace. De ahí que, si te dedica tiempo, teescucha con atención… es porque quiere ayudarte y le importas… aunqueno te conozca te valora lo suficiente como para querer ayudarte a ir alcielo.

    11. Y si el cura después le cuenta a alguien mis pecados…

    No te preocupes por eso. La Iglesia cuida tanto este asunto que aplicala pena más grande que existe en el Derecho Canónico -la ex-comunión-al sacerdote que dijese algo que conoce por la confesión. De hecho haymártires por el sigilo sacramental: sacerdotes que han muerto por norevelar el contenido de la confesión.

    12. Me da pereza…

    Puede ser toda la verdad que quieras, pero no creo que sea un obstáculoverdadero ya que es bastante fácil de superar… Es como si uno dijeseque hace un año que no se baña porque le da pereza…

    13. No tengo tiempo…

    No creo que te creas que en los últimos ___ meses… no hayas tenidos losdiez minutos que te puede llevar una confesión… ¿Te animas a compararcuántas horas de TV has visto en ese tiempo… (multiplica el número dehoras diarias que ves por el número de días…)?

    14. No encuentro un cura…

    No es una raza en extinción, hay varios miles. Toma la guía de teléfono(o llama a información). Busca el teléfono de tu parroquia. Si ignorasel nombre, busca por el obispado, ahí te dirán… Así podrás saber entres minutos el nombre de un cura con el que te puedes confesar… eincluso pedirle una hora… para no tener que esperar.

    San José, Esposo de la Virgen María

    Escrito por cantares2-12 19-03-2007 en General. Comentarios (0)

    San, José
    Esposo de la Virgen María, 19 de marzo
     
    José, Santo

    Esposo de la Virgen María
    Marzo 19


    Las fuentes biográficas que se refieren a san José son,exclusivamente, los pocos pasajes de los Evangelios de Mateo y deLucas. Los evangelios apócrifos no nos sirven, porque no son sinoleyendas. “José, hijo de David”, así lo llama el ángel. El hechosobresaliente de la vida de este hombre “justo” es el matrimonio conMaría. La tradición popular imagina a san José en competencia con otrosjóvenes aspirantes a la mano de María. La elección cayó sobre élporque, siempre según la tradición, el bastón que tenía florecióprodigiosamente, mientras el de los otros quedó seco. La simpáticaleyenda tiene un significado místico: del tronco ya seco del AntiguoTestamento refloreció la gracia ante el nuevo sol de la redención.

    El matrimonio de José con María fue un verdadero matrimonio, aunquevirginal. Poco después del compromiso, José se percató de la maternidadde María y, aunque no dudaba de su integridad, pensó “repudiarla ensecreto”. Siendo “hombre justo”, añade el Evangelio -el adjetivo usadoen esta dramática situación es como el relámpago deslumbrador queilumina toda la figura del santo-, no quiso admitir sospechas, perotampoco avalar con su presencia un hecho inexplicable. La palabra delángel aclara el angustioso dilema. Así él “tomó consigo a su esposa” ycon ella fue a Belén para el censo, y allí el Verbo eterno apareció eneste mundo, acogido por el homenaje de los humildes pastores y de lossabios y ricos magos; pero también por la hostilidad de Herodes, queobligó a la Sagrada Familia a huir a Egipto. Después regresaron a latranquilidad de Nazaret, hasta los doce años, cuando hubo el paréntesisde la pérdida y hallazgo de Jesús en el templo.

    Después de este episodio, el Evangelio parece despedirse de Josécon una sugestiva imagen de la Sagrada Familia: Jesús obedecía a Maríay a José y crecía bajo su mirada “en sabiduría, en estatura y engracia”. San José vivió en humildad el extraordinario privilegio de serel padre putativo de Jesús, y probablemente murió antes del comienzo dela vida pública del Redentor.

    Su imagen permaneció en la sombra aun después de la muerte. Suculto, en efecto, comenzó sólo durante el siglo IX. En 1621 Gregorio Vdeclaró el 19 de marzo fiesta de precepto (celebración que se mantuvohasta la reforma litúrgica del Vaticano II) y Pío IX proclamó a sanJosé Patrono de la Iglesia universal. El último homenaje se lo tributóJuan XXIII, que introdujo su nombre en el canon de la misa.