Ministerio de música Católica CANTARES 2.12

San Pedro y San Pablo

Escrito por cantares2-12 29-06-2007 en General. Comentarios (8)
Pedro y Pablo, Santos
Fiesta, 29 de junio
 
Pedro y  Pablo,  Santos
Pedro y Pablo, Santos

Apóstoles y Mártires
Junio 29



Origen de la fiesta San Pedro y San Pablo son apóstoles, testigos de Jesús que dieron un gran testimonio. Se dice que son las dos columnas del edificio de la fe cristiana. Dieron su vida por Jesús y gracias a ellos el cristianismo se extendió por todo el mundo.

Los cadáveres de San Pedro y San Pablo estuvieron sepultados juntos por unas décadas, después se les devolvieron a sus sepulturas originales. En 1915 se encontraron estas tumbas y, pintadas en los muros de los sepulcros, expresiones piadosas que ponían de manifiesto la devoción por San Pedro y San Pablo desde los inicios de la vida cristiana. Se cree que en ese lugar se llevaban a cabo las reuniones de los cristianos primitivos. Esta fiesta doble de San Pedro y San Pablo ha sido conmemorada el 29 de Junio desde entonces.

El sentido de tener una fiesta es recordar lo que estos dos grandes santos hicieron, aprender de su ejemplo y pedirles en este día especialmente su intercesión por nosotros.

San Pedro

San Pedro fue uno de los doce apóstoles de Jesús. Su nombre era Simón, pero Jesús lo llamó Cefas que significa “piedra” y le dijo que sería la piedra sobre la que edificaría Su Iglesia. Por esta razón, le conocemos como Pedro. Era pescador de oficio y Jesús lo llamó a ser pescador de hombres, para darles a conocer el amor de Dios y el mensaje de salvación. Él aceptó y dejó su barca, sus redes y su casa para seguir a Jesús.

Pedro era de carácter fuerte e impulsivo y tuvo que luchar contra la comodidad y contra su gusto por lucirse ante los demás. No comprendió a Cristo cuando hablaba acerca de sacrificio, cruz y muerte y hasta le llegó a proponer a Jesús un camino más fácil; se sentía muy seguro de sí mismo y le prometió a Cristo que nunca lo negaría, tan sólo unas horas antes de negarlo tres veces.


Vivió momentos muy importantes junto a Jesús:
  • Vio a Jesús cuando caminó sobre las aguas. Él mismo lo intentó, pero por desconfiar estuvo a punto de ahogarse.

  • Prensenció la Transfiguración del Señor.

  • Estuvo presente cuando aprehendieron a Jesús y le cortó la oreja a uno de los soldados atacantes.

  • Negó a Jesús tres veces, por miedo a los judíos y después se arrepintió de hacerlo.

  • Fue testigo de la Resurrección de Jesús.

  • Jesús, después de resucitar, le preguntó tres veces si lo amaba y las tres veces respondió que sí. Entonces, Jesús le confirmó su misión como jefe Supremo de la Iglesia.

  • Estuvo presente cuando Jesús subió al cielo en la Ascensión y permaneció fiel en la oración esperando al Espíritu Santo.

  • Recibió al Espíritu Santo el día de Pentecostés y con la fuerza y el valor que le entregó, comenzó su predicación del mensaje de Jesús. Dejó atrás las dudas, la cobardía y los miedos y tomó el mando de la Iglesia, bautizando ese día a varios miles de personas.

  • Realizó muchos milagros en nombre de Jesús.

  • En los Hechos de los Apóstoles, se narran varias hazañas y aventuras de Pedro como primer jefe de la Iglesia. Nos narran que fue hecho prisionero con Juan, que defendió a Cristo ante los tribunales judíos, que fue encarcelado por orden del Sanedrín y librado milagrosamente de sus cadenas para volver a predicar en el templo; que lo detuvieron por segunda vez y aún así, se negó a dejar de predicar y fue mandado a azotar.

    Pedro convirtió a muchos judíos y pensó que ya había cumplido con su misión, pero Jesús se le apareció y le pidió que llevara esta conversión a los gentiles, a los no judíos.
    En esa época, Roma era la ciudad más importante del mundo, por lo que Pedro decidió ir allá a predicar a Jesús. Ahí se encontró con varias dificultades: los romanos tomaban las creencias y los dioses que más les gustaban de los distintos países que conquistaban. Cada familia tenía sus dioses del hogar. La superstición era una verdadera plaga, abundaban los adivinos y los magos. Él comenzó con su predicación y ahí surgieron las primeras comunidades cristianas. Estas comunidades daban un gran ejemplo de amor, alegría y de honestidad, en una sociedad violenta y egoísta. En menos de trescientos años, la mayoría de los corazones del imperio romano quedaron conquistados para Jesús. Desde entonces, Roma se constituyó como el centro del cristianismo.

    En el año 64, hubo un incendio muy grande en Roma que no fue posible sofocar. Se corría el rumor de que había sido el emperador Nerón el que lo había provocado. Nerón se dio cuenta que peligraba su trono y alguien le sugirió que acusara a los cristianos de haber provocado el incendio. Fue así como se inició una verdadera “cacería” de los cristianos: los arrojaban al circo romano para ser devorados por los leones, eran quemados en los jardines, asesinados en plena calle o torturados cruelmente. Durante esta persecución, que duró unos tres años, murió crucificado Pedro por mandato del emperador Nerón.

    Pidió ser crucificado de cabeza, porque no se sentía digno de morir como su Maestro. Treinta y siete años duró su seguimiento fiel a Jesús. Fue sepultado en la Colina Vaticana, cerca del lugar de su martirio. Ahí se construyó la Basílica de San Pedro, centro de la cristiandad.

    San Pedro escribió dos cartas o epístolas que forman parte de la Sagrada Escritura.

    ¿Qué nos enseña la vida de Pedro?

    Nos enseña que, a pesar de la debilidad humana, Dios nos ama y nos llama a la santidad. A pesar de todos los defectos que tenía, Pedro logró cumplir con su misión. Para ser un buen cristiano hay que esforzarse por ser santos todos los días. Pedro concretamente nos dice: “Sean santos en su proceder como es santo el que los ha llamado” (I Pedro, 1,15)
    Cada quien, de acuerdo a su estado de vida, debe trabajar y pedirle a Dios que le ayude a alcanzar su santidad.
    Nos enseña que el Espíritu Santo puede obrar maravillas en un hombre común y corriente. Lo puede hacer capaz de superar los más grandes obstáculos.

    La Institución del Papado

    Toda organización necesita de una cabeza y Pedro fue el primer jefe y la primera cabeza de la Iglesia. Fue el primer Papa de la Iglesia Católica. Jesús le entregó las llaves del Reino y le dijo que todo lo que atara en la Tierra quedaría atado en el Cielo y todo lo que desatara quedaría desatado en el Cielo. Jesús le encargó cuidar de su Iglesia, cuidar de su rebaño. El trabajo del Papa no sólo es un trabajo de organización y dirección. Es, ante todo, el trabajo de un padre que vela por sus hijos.

    El Papa es el representante de Cristo en el mundo y es la cabeza visible de la Iglesia. Es el pastor de la Iglesia, la dirige y la mantiene unida. Está asistido por el Espíritu Santo, quien actúa directamente sobre Él, lo santifica y le ayuda con sus dones a guiar y fortalecer a la Iglesia con su ejemplo y palabra. El Papa tiene la misión de enseñar, santificar y gobernar a la Iglesia.

    Nosotros, como cristianos debemos amarlo por lo que es y por lo que representa, como un hombre santo que nos da un gran ejemplo y como el representante de Jesucristo en la Tierra. Reconocerlo como nuestro pastor, obedecer sus mandatos, conocer su palabra, ser fieles a sus enseñanzas, defender su persona y su obra y rezar por Él.

    Cuando un Papa muere, se reúnen en el Vaticano todos los cardenales del mundo para elegir al nuevo sucesor de San Pedro y a puerta cerrada, se reúnen en Cónclave (que significa: cerrados con llave). Así permanecen en oración y sacrificio, pidiéndole al Espíritu Santo que los ilumine. Mientras no se ha elegido Papa, en la chimenea del Vaticano sale humo negro y cuando ya se ha elegido, sale humo blanco como señal de que ya se escogió al nuevo representante de Cristo en la Tierra.

    San Pablo

    Su nombre hebreo era Saulo. Era judío de raza, griego de educación y ciudadano romano. Nació en la provincia romana de Cilicia, en la ciudad de Tarso. Era inteligente y bien preparado. Había estudiado en las mejores escuelas de Jerusalén.
    Era enemigo de la nueva religión cristiana ya que era un fariseo muy estricto. Estaba convencido y comprometido con su fe judía. Quería dar testimonio de ésta y defenderla a toda costa. Consideraba a los cristianos como una amenaza para su religión y creía que se debía acabar con ellos a cualquier costo. Se dedicó a combatir a los cristianos, quienes tenían razones para temerle. Los jefes del Sanedrín de Jerusalén le encargaron que apresara a los cristianos de la ciudad de Damasco.

    En el camino a Damasco, se le apareció Jesús en medio de un gran resplandor, cayó en tierra y oyó una voz que le decía: “Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?” ( Hechos de los Apóstoles 9, 1-9.20-22.).
    Con esta frase, Pablo comprendió que Jesús era verdaderamente Hijo de Dios y que al perseguir a los cristianos perseguía al mismo Cristo que vivía en cada cristiano. Después de este acontecimiento, Saulo se levantó del suelo, y aunque tenía los ojos abiertos no veía nada. Lo llevaron a Damasco y pasó tres días sin comer ni beber. Ahí, Ananías, obedeciendo a Jesús, hizo que Saulo recobrara la vista, se levantara y fuera bautizado. Tomó alimento y se sintió con fuerzas.
    Estuvo algunos días con los discípulos de Damasco y después empezó a predicar a favor de Jesús, diciendo que era el Hijo de Dios. Saulo se cambió el nombre por Pablo. Fue a Jerusalén para ponerse a la orden de San Pedro.

    La conversión de Pablo fue total y es el más grande apóstol que la Iglesia ha tenido. Fue el “apóstol de los gentiles” ya que llevó el Evangelio a todos los hombres, no sólo al pueblo judío. Comprendió muy bien el significado de ser apóstol, y de hacer apostolado a favor del mensaje de Jesús. Fue fiel al llamado que Jesús le hizo en al camino a Damasco.

    Llevó el Evangelio por todo el mundo mediterráneo. Su labor no fue fácil. Por un lado, los cristianos desconfiaban de él, por su fama de gran perseguidor de las comunidades cristianas. Los judíos, por su parte, le tenían coraje por "cambiarse de bando". En varias ocasiones se tuvo que esconder y huir del lugar donde estaba, porque su vida peligraba. Realizó cuatro grandes viajes apostólicos para llevar a todos los hombres el mensaje de salvación, creando nuevas comunidades cristianas en los lugares por los que pasaba y enseñando y apoyando las comunidades ya existentes.

    Escribió catorce cartas o epístolas que forman parte de la Sagrada Escritura.

    Al igual que Pedro, fue martirizado en Roma. Le cortaron la cabeza con una espada pues, como era ciudadano romano, no podían condenarlo a morir en una cruz, ya que era una muerte reservada para los esclavos.

    ¿Qué nos enseña la vida de San Pablo?

    Nos enseña la importancia de la labor apostólica de los cristianos. Todos los cristianos debemos ser apóstoles, anunciar a Cristo comunicando su mensaje con la palabra y el ejemplo, cada uno en el lugar donde viva, y de diferentes maneras.

    Nos enseña el valor de la conversión. Nos enseña a hacer caso a Jesús dejando nuestra vida antigua de pecado para comenzar una vida dedicada a la santidad, a las buenas obras y al apostolado.

    Esta conversión siguió varios pasos:
    1. Cristo dio el primer paso: Cristo buscó la conversión de Pablo, le tenía una misión concreta.
    2. Pablo aceptó los dones de Cristo: El mayor de estos dones fue el de ver a Cristo en el camino a Damasco y reconocerlo como Hijo de Dios.
    3. Pablo vivió el amor que Cristo le dio: No sólo aceptó este amor, sino que los hizo parte de su vida. De ser el principal perseguidor, se convirtió en el principal propagador de la fe católica.
    4. Pablo comunicó el amor que Cristo le dio: Se dedicó a llevar el gran don que había recibido a los demás. Su vida fue un constante ir y venir, fundando comunidades cristianas, llevando el Evangelio y animando con sus cartas a los nuevos cristianos en común acuerdo con San Pedro.

    Estos mismos pasos son los que Cristo utiliza en cada uno de los cristianos. Nosotros podemos dar una respuesta personal a este llamado. Así como lo hizo Pablo en su época y con las circunstancias de la vida, así cada uno de nosotros hoy puede dar una respuesta al llamado de Jesús.





    Confesión de Pedro
    Mateo16, 13-19. Solemnidad de San Pedro y San Pablo. Ellos encontraron lafuerza para llevar a término su misión en la tierra
     
    Confesión de Pedro
    Mateo 16, 13-19

    Llegado Jesús a la región de Cesarea de Filipo, hizo estapregunta a sus discípulos: «¿Quién dicen los hombres que es el Hijo delhombre?» Ellos dijeron: «Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías,otros, que Jeremías o uno de los profetas». Díceles él: «Y vosotros¿quién decís que soy yo?» Simón Pedro contestó: «Tú eres el Cristo, elHijo de Dios vivo». Replicando Jesús le dijo: «Bienaventurado eresSimón, hijo de Jonás, porque no te ha revelado esto la carne ni lasangre, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo a mi vez te digo quetú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertasdel Hades no prevalecerán contra ella. A ti te daré las llaves delReino de los Cielos; y lo que ates en la tierra quedará atado en loscielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos».


    Reflexión


    Cristo pregunta a sus apóstoles: ¿quién dice la gente que soy yo?Pone esta pregunta sólo después de haber llevado a término su misión deenseñar lo que el Padre le ha dicho. Podría decirse que el caso ya estáexpuesto y ahora llega el momento de pronunciar el juicio. Sin embargo,la gente que ha visto y oído todas las pruebas necesarias parareconocerlo como Mesías, no termina por comprender sus signos. Es comosi un velo cubriera sus ojos y les impidiese dar una respuesta segura yconvincente: “Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo.”

    Para Pedro, al igual que para Pablo tiempo después, Cristo fue unauténtico enigma difícil de descifrar. Por ejemplo, ¿qué pensaría Pedroal ver a su maestro caminando sobre las aguas? O ¿cuáles sentimientosfluirían es su corazón cuando escucha de Cristo “sobre ti edificaré miIglesia” y más tarde le dice “apártate de mí Satanás.”

    Este misterio sobre Cristo lo comprenderíamos mejor con los ojos dela fe que nos da el Padre. Mientras la fe no sea le oxígeno de nuestravida, no seremos capaces de reconocer a Cristo como el Mesías. Por estoCristo le dice a Pedro “dichoso Tú, Pedro, porque esto no te lo harevelado ningún hombre sino mi Padre que está en el cielo.”

    El don de la fe se lo dona el Padre a Pedro no por mérito de Pedroni por sus cualidades personales -era pescador- sino por su propiabondad Dios. Es el don más precioso, el de reconocer a Dios comoMesías, como la auténtica luz que guiará nuestros pasos hacia lafelicidad eterna. Y gracias a la fe Pedro y Pablo encontraron la fuerzapara llevar a término su misión en la tierra.

    La verdadera sabiduria

    Escrito por cantares2-12 28-06-2007 en General. Comentarios (0)

    La verdadera sabiduría
    Mateo 7, 21-29. Tiempo Ordinario. Nos hemos olvidado de lo más importante que es Dios.
     
    La verdadera sabiduría
    Mateo 7, 21-29


    En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: No todo el que me diga: "Señor, Señor, entrará en el Reino de los Cielos, sino el que haga la voluntad de mi Padre celestial. Muchos me dirán aquel Día: "Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre expulsamos demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?" Y entonces les declararé: "¡Jamás os conocí; apartaos de mí, agentes de iniquidad!" Así pues, todo el que oiga estas palabras mías y las ponga en práctica, será como el hombre prudente que edificó su casa sobre roca: cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos, y embistieron contra aquella casa; pero ella no cayó, porque estaba cimentada sobre roca. Y todo el que oiga estas palabras mías y no las ponga en práctica, será como el hombre insensato que edificó su casa sobre arena: cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos, irrumpieron contra aquella casa y cayó, y fue grande su ruina. Y sucedió que cuando acabó Jesús estos discursos, la gente quedaba asombrada de su doctrina; porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como sus escribas.


    Reflexión:


    En esta vida no falta la filantropía: son miles las actividades que se hacen en el mundo por el bien de nuestro prójimo necesitado. Pero luego llegamos al cielo y Dios nos dice: no te conozco. Imagínate, qué tragedia, la mayor tragedia que podemos tener y en el momento más inoportuno. Y esto ¿por qué? Porque nos hemos olvidado de lo más importante, de Dios. Porque lo hemos rechazado, porque nuestra voluntad, por muy buena que fuese, no era la de Dios.

    Está quien va mucho a la Iglesia y reza muchas horas delante de las estatuas, pero al final de la vida Dios tampoco le conoce y ¿Por qué? Porque se ha olvidado de sus hermanos, donde se encuentra Cristo.

    Entonces, ¿cuál es la solución? Nos lo dice Cristo en el Evangelio: “Ama a Dios sobre todas las cosa y al prójimo como a ti mismo”. Así de fácil, que para un cristiano se traduce en vivir los sacramentos, sobre todo la Eucaristía y la Confesión, y en cumplir los mandamientos.

    Imitemos el ejemplo de María quien sabía rezar y servir. Pues como dice el Evangelio: “María conservaba todo esto en su corazón”; pero al mismo tiempo dice: “María se puso en camino y subió con presteza a la montaña”, para servir a su prima santa Isabel.

    Por tanto sirvamos a Dios por la oración y por la caridad a los demás.

    Los falsos profetas

    Escrito por cantares2-12 27-06-2007 en General. Comentarios (0)
    Los falsos profetas
    Mateo 7, 15-20. Tiempo Ordinario. Dar fruto es comunicar a los demás una fe que hemos recibido como un don.
     
    Los falsos profetas

    Mateo 7, 15-20

    «Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros condisfraces de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces. Por sus frutoslos conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos o higos de losabrojos?
    Así, todo árbol bueno da frutos buenos, pero el árbol malo dafrutos malos. Un árbol bueno no puede producir frutos malos, ni unárbol malo producir frutos buenos. Todo árbol que no da buen fruto, escortado y arrojado al fuego. Así que por sus frutos los reconoceréis.



    Reflexión


    Vivimos en un mundo frenético en sus comunicaciones, y en buenaparte de sus actividades laborales y comerciales. Donde se valora quienproduce más y se margina a quien no alcanza los ratings de ventas.

    Donde la competencia profesional se evalúa constante eimplacablemente y se contabiliza con avaricia los resultados. En dondese busca sólo a personas que encabecen proyectos de éxito, etc. Lalógica evangélica es, si cabe, más comprometedora.

    Para ser un buen discípulo, no basta emplearse a fondo, como loharíamos al ocupar un cargo de responsabilidad en una empresa hoy endía. No basta siquiera ser original, presentar de manera nueva,atrayente o asequible el mensaje, el producto o el servicio. Aunponiendo en juego todas las dotes humanas de que disponemos, hemos departir de la base que en todo ello sólo somos instrumentos en las manosde Dios. Porque dar fruto es comunicar a los demás una experiencia, unafe que hemos recibido como un don. Es darla no como quien comparte algoque tiene en “posesión”, porque la fe no se posee y es sólo de Dios.

    Pero Él nos ha concedido comunicar nuestra vivencia, conscientesque Dios añadirá la parte que le corresponde. Se requiere dejarse guiarpor el Espíritu Santo, y sobretodo humildad y confianza, para estar máspendientes de Dios y de su voluntad, que de nosotros mismos. Nuestrasvirtudes y capacidades, así como nuestros defectos y limitaciones, sontambién parte de ese plan de Dios. Por sus frutos los reconoceréis...es la llamada colaborar en la obra de Dios si nos prestamos condecisión y humildad.

    La ley de la caridad

    Escrito por cantares2-12 26-06-2007 en General. Comentarios (0)
    La ley de la caridad
    Mateo 7,6 12-14. Tiempo Ordinario. Nadie que busque egoístamente su placer está en el fondo feliz.
     
    La ley de la caridad
    Mateo 7, 6.12-14.


    En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: No deis a losperros lo que es santo, ni echéis vuestras perlas delante de lospuercos, no sea que las pisoteen con sus patas, y después, volviéndose,os despedacen. Por tanto, todo cuanto queráis que os hagan los hombres,hacédselo también vosotros a ellos; porque ésta es la Ley y losProfetas. Entrad por la entrada estrecha; porque ancha es la entrada yespacioso el camino que lleva a la perdición, y son muchos los queentran por ella; mas ¡qué estrecha la entrada y qué angosto el caminoque lleva a la Vida! y poco son los que lo encuentran.


    Reflexión


    Ninguno desearía para sí cosas malas sino todo lo contrario. Pueslo que más deseamos los hombres es encontrar la felicidad y regodearnosen ella, no satisfacer un caprichoso placer porque eso esconde siemprecomo un aborto del amor. Nadie que busque egoístamente su placer estáen el fondo feliz. Por ello, siente que las entrañas se le destrozanaunque pasajeramente perciba cierto bienestar. Muy en el fondo sabe quesi obra así está echando algo hermoso y dignísimo como el deseo de lafelicidad a los perros del placer y a los cerdos de las pasiones.Ellos, que no saben de lo bello sino, al contrario, buscan llenar susquijadas y sus estómagos de lo inmediatamente deleitable, pisotean,destrozan la belleza de un corazón hecho para lo eterno y no para lopasajero y banal.

    El hombre, en cambio, quiere ser feliz y Cristo declara el camino.No es lo fácil sino lo que cuesta, lo que apalea a las fieras quellevamos dentro que no nos permiten volar a lo alto. No se trata de uncastigarse sin razones, se trata de ser feliz y de optar por el caminodel amor que es la donación y, por tanto, el olvido de uno mismo. Comocuando una madre se desvive por su hijo amado y se sacrifica por él congusto, tanto lo ama que colma todo su corazón dándose a él. Su tristezasería no amarlo. Eso es amor. Desear ser amado es lo más buscado porlos hombres. Y si esto es el resumen de la ley y los profetas,busquémoslo dando amor y daremos las perlas a las águilas.

    El juicio sobre los otros

    Escrito por cantares2-12 25-06-2007 en General. Comentarios (0)
    El juicio sobre los otros
    Mateo 7, 1-5 Tiempo Ordinario. Cristo quiere ayudar a sacarnos la "viga del ojo".
     
    El juicio sobre los otros
    Mateo 7, 1-5



    En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: No juzguéis, paraque no seáis juzgados. Porque con el juicio con que juzguéis seréisjuzgados, y con la medida con que midáis se os medirá. ¿Cómo es quemiras la brizna que hay en el ojo de tu hermano, y no reparas en laviga que hay en tu ojo? ¿O cómo vas a decir a tu hermano: "Deja que tesaque la brizna del ojo", teniendo la viga en el tuyo? Hipócrita, sacaprimero la viga de tu ojo, y entonces podrás ver para sacar la briznadel ojo de tu hermano.


    Reflexión:


    El día de hoy Cristo quiere ayudar a sacarnos la viga del ojo. Y lohace de una manera muy sencilla: No juzguéis al modo humano, “ojo por ojo, diente por diente”, sino más bien como él nos enseñó en el Calvario. Perdonando a todos sin excepción.

    No juzga a los soldados que lo han golpeado, se han burlado de él ylo han crucificado. Dice: Perdónales, Padre, porque no saben lo quehacen. Tenía razones para decir lo contrario, sin embargo, sabeencontrar una disculpa: hacen esto, porque no me conocen.

    Después, podría haber reclamado a san Juan, que se acercaba a lacruz, su cobardía –le había abandonado-, su amistad tan débil –no habíapodido rezar con él cuando lo necesitaba-, etc. Pero en todo eso no vemalicia, sino debilidad humana y muestra de ello es que no reclama,sino que se apiada de su flaqueza y le entrega a su madre.

    Al final dice: “con el juicio con que juzguéis seréis juzgados”. Cristo nos enseña a usar con los demás la medida con la que a nosotros nos gustaría que nos midieran.